Viajes

Cataratas
Más de 6.000 kilómetros en la Perla Negra, para llegar a empaparme de vida en la caída de las Cataratas del Iguazú. Selva virgen, lluvia feroz, libertad sin condiciones. Abrir los brazos a esa lluvia que, pensé, podía purificar mi alma.

Costas del Sur
No lejos físicamente, a un océano de distancia en términos de percepción sensorial. Atravesar la selva costarricense para llegar a Dominical, Costanera Sur y de allí un recorrido por las playas del lugar: Ballena, Hermosa, Uvita.

Algunos de los lugares más agrestes y naturales, una invitación a reposar y a la filosofía barata acompañada de un mojito. Imperdible manera de perder el tiempo.

Panamá

Otro país y un universo lleno de asimetrías: ricos obscenamente ricos y pobres miserablemente pobres. Playas, canal y rascacielos gigantescos. Avenidas, café chorreado en cada esquina y Hard Rock. Y música permanente en todos lados. Y morenas altivas y maravillosas...

Manaus

Increíble como se puede terminar un día allí, en medio del Amazonas, un destino inimaginable aunque haya sido de paso hacia algún otro lado. Una vez ciudad de riqueza incalculable, hoy es el río inconcebible el que domina todo, el que crea y destruye, una serpiente de agua bordada al atardecer de gemas.

Nieve en Mendoza

El mejor grupo de motociclistas que ha existido alguna vez, batallando con el hielo de la ruta y las temperaturas varios grados bajo cero. Mendoza a Blanco Encalada, Uspallata, Penitentes y Puente de Inca. Una experiencia inolvidable, una amistad que sobrevivirá el tiempo de nuestros calendarios.

New York, New York

Un sueño de niño, hecho realidad. Y todo gracias a una beca que surgió como un milagro. Pisé las calles de la capital del mundo antes del 11 de setiembre, antes de Obama y antes de terminar de entender que todo ese brillo y ese glamour se rego con mucha sangre del Rio Grande hacia abajo. Igual, es uno de esos lugares que hay que ver, más allá de las ideologías.

Miami

Tantas movies, tanta TV, que es imposible sustraerse a ese mundano y decadente rejunte de ancianos retirados y latinos que buscan en las calles yankees, lo que sus gobernantes les niegan en sus tercermundistas paises.

Pero un son cubano, un par de habanos y el ron con Coca son accesorios necesarios en las largas caminatas por South Beach o en una vuelta por los cayos.

Potrerillos

Un espejo en medio de la noche, un lago en medio de las montañas. Enorme, insondable, con ese color verde esmeralda inconcebible que lo hace maravillosamente único. Entre la magnificencia de la montaña esa perfección que se da a los ojos del privilegiado viajero.

Granada

En Nicaragua, el lugar de Centroamérica en donde el tiempo se ha detenido. La hermosura de sus construcciones coloniales y sus patios españoles sólo es comparable a la digna estampa de sus mujeres. Y el lago y sus islas. Y las maravillosas y cálidas noches de mojitos en La Calzada, con Flor de Caña.

Capilla del Monte

Uno de mis tantos viajes a Córdoba, el primero en moto, en la increíble Vagabunda. Mitad aventura, mitad esoterismo, completo descubrimiento interior. Y subir el Uritorco, una misión que demandó más de mí de lo que esperaba. Y la deliciosa hechicera al borde de la senilidad que esa tarde de lluvia copiosa me leyó el tarot y trazó una ruta de mis años por venir. No vi ni un ovni, pero me encontré conmigo...

Villa General Belgrano

Una vuelta por Alemania, en medio de la Argentina. Impronta germana, pero con fernet. Y lo mejor de la Villa, esos inolvidables e interminables asados con Santi, Pipa, Gustavo, Diego y la barra. Y un poco más allá, en Los Reartes, el inefable Ruli y sus historias al lado de la parrilla... "un amor, que no fue".

San Juan del Sur

Si el paraíso tiene un nombre, es éste, y está ubicado en esa bahía de la inefable Nicaragua. Playa serena, surf, colinas selváticas, y montones de bares, paradores y cantinas donde tomar cerveza y mojitos. Y los atardeceres sobre el mar, vistos desde las hamacas de La Iguana.

Washington

Nos atrapó esa tarde de Renoir, nieve y Dupont Circle. Almorzar en La Tomato y recorrer las calles del imperio con asombro, desidia y los sonidos propios.

Helga, perdón la infidencia, pero es imposible recordar sin nombrarte. Los margaritas de Georgetown aún anidan en mis labios.

Reta

Un cliché: el secreto mejor guardado de Buenos Aires. Allí donde termina la pampa y sus girasoles, se llega hasta el Balneario Reta, sobre las mansas aguas del sur. Para los menos despistados, a unos 100 kilómetros de Bahía Blanca. Para los más soñadores, la corporización de los "Cuentos de Almejas", ese imaginario y maravilloso pueblo de la revista Intervalo.

Valparaiso

¿Existe un lugar en donde emborracharse de color? La magia de ese espacio en donde conviven la bohemia de la noche y los espíritus del café, los libros y los duendes.

El puerto siempre soñado y sus ascensores, las calles que caminó Neruda y las casas de hojalata, silenciosos testigos de lo que nos hace humanos.

Santiago de Chile

Los boulevards, un poco de historia y noches largas y, recuerdo, ruidosas.

Esas tardes en Las Condes y noches de carrete. Un lugar que no es Baires ni Madrid, pero que tiene lo suyo ¿Cómo podía faltar?

Colonia del Sacramento

En pocos lugares la magia convive en cada rincón con la historia, la belleza y la serenidad. Un lugar para vivir y disfrutar, quizás. Para más que eso, seguro.

Recuerdo los paseos, el río, la Calle de los Suspiros, el faro, las maravillosas cantinas de la Ciudadela y la música permanente y fascinante. Y la compañía, claro... la compañía.

Punta del Este

Opulencia de ricos y famosos, cómo negarse a compartir algo del glamour y el lifestyle de esa gente por lo menos por unos días, quizás sólo para ver qué se siente.

Paraíso de millonarios, caminar por la Barra, tomar sol en la Brava, bañarse en la Mansa o detenerse a tomar una prohibitiva cerveza en Ciudad Pueblo. Una vez en la vida, amigos...

Jacó Beach

EL surrealismo en las playas, el paradero de cuanto gringo anda dando vueltas por acá, el sitio donde todos van a surfear. Como una verdadera Sodoma del Pacífico, en realidad Jacó es el paraíso de putas y vendedores de droga. En cada esquina, en todos lados, impunemente. Mis recuerdos, sin embargo, se limitan a ese Fin de Año, a esa francesa y al despertar, al otro año, en la playa...

Florianopolis

Imposible recordar Florianópolis, Brasil todo, y evitar una sonrisa que te gana el rostro... samba, aguas indescriptibles, más samba, cerveza y futbol en la playa. O mais grande... no sé. Saudades, Brasil. Nos volveremos a ver.

Lima

La mirada serena de los Incas, multiplicada por millones, en un pueblo que supo de devastación y saqueo, sin perder su dignidad. O casi. Allí donde se mezcla el arte y la cultura colonial con los edificios de vidrio y acero y los mil humeantes carritos que te ofrecen comida en el entorno más ulticolor que te imagines.

La Paz

La Paz es irreal. Está en las nubes, está lejos de la tierra, está como sumida en una eterna dimensión paralela en la que te falta el oxígeno y te sobran historias que contar. Una realidad en la que te introduce el té de coca para darte oxígeno y una visión maravillosa de lo cotidiano.

Ometepe

No importa cuántos kilómetros has hecho, nada has visto hasta llegar a la Isla de Ometepe. Recorrer la quietud de Mogoyalpa y tomar un Flor de Caña en la vereda de las carreteras de piedra. Una moto alquilada y recorrer volcanes, lagos y poblados macondianos, mientras me asaltaban los demonios de la memoria. Esos que me tenían preparada una burla de crueldad infinita a mi regreso.